Hace un tiempo tomé una de esas decisiones impulsivas. De esas que tu corazón te dice hazlo y tu cerebro te está suplicando que sueltes esa jodi** tarjeta de crédito pero… ¿Quién puede resistirse a una tarifa error cuando está Japón de por medio? Y así fue. En un año en el que soñaba con un destino de playa paradisíaco, me vi sumergido bajo un tifón que inundó de lluvia 13 de mis 17 días en el País del Sol Naciente.

Pero no os penséis que la lluvia nos iba a arruinar el viaje, ¡Ni mucho menos! Era la excusa perfecta para enfundarnos uno de los icónicos paraguas transparentes sin tener que aparentar que me entusiasmaba la idea de llevarlo.

Pero bueno, os explicaré mucho más sobre nuestra experiencia japonesa en el post del itinerario que se está cociendo en el horno.

Esta vez me gustaría explicaros el por qué un viaje de más de 14h en avión puede teletransportarte a un mundo totalmente diferente al que estamos acostumbrados a ver en nuestro día a día y es que ¡volví convencido de haber descubierto el mundo al revés!

Llamadme ignorante o decidme que no fui lo suficientemente informado pero os lo aseguro, cada vez descubro que son más los países que conducen por la derecha. Japón es otro de los que entran en esa lista y no lo descubrí hasta el momento que puse un pie en Hokkaido. Además sus coches no son como aquí no… Aquí nos encanta ver quién tiene un coche más grande, pues los japoneses compiten por ver quien tiene el coche más pequeño.

En cuanto al transporte público se refiere también hay muchas cosas diferentes. Hay algo que la gente que vuelve de allí nos repite hasta la saciedad. Estoy seguro que habrás escuchado más de una y más de dos veces eso de: Pues en Japón los trenes son súper puntuales. Si pone que sale a las 13:04:53 puedes estar mirando el reloj y ver como el tren se mueve justo a esa hora. Y lo corroboro, es impresionante ver cuán puntuales son sus trenes. ¡Es difícil de explicar la sensación de ver la agujita del reloj posarse en la hora estimada y empezar a moverse! El tren no es el único transporte público que esconde cosas totalmente opuestas. El metro, por ejemplo, suele ir lleno hasta los topes y el silencio ahí dentro puede llegar a resultar hasta incómodo. Tienen un oficio que denominamos como el “empujador” y sí, es lo que estás imaginando y sí, existe. Hay una persona que se dedica a empujar a los pasajeros para hacer sitio y que entren más. ¡Si vuelves de Tokyo sin haber sido empujado… nunca has estado en Tokyo! Además, tienen vagones dedicados única y exclusivamente para mujeres. Los hombres japoneses tienen fama de alargar la mano si les surge la oportunidad y para evitar males mayores el gobierno decidió añadir esos vagones reservados al sexo femenino. Obviamente los japoneses hacen mil cosas inexplicables, tienen cachibaches indescifrables y hablan un idioma imposible de entender pero si hay una cosa que hacen perfectamente, eso es hacer cola. ¡Jamás había visto colas tan perfectas! Unos detrás de otros, perfectamente alineados, esperando a que se abran las puertas para dejar salir primero y después entrar pacíficamente. ¿Sabías que en el autobús también hacen cosas raras? Ellos entran por detrás y salen por delante para pagar al conductor directamente.

El tema de los pagos también es diferente. Cuando aquí puedes pagar con tarjeta en prácticamente cualquier sitio, en Japón no puedes pagar con tarjeta en prácticamente ningún sitio. Así que te tocará cargar con yens todo el día.

Los japos son raros… son gente que les gusta dormir en el suelo. Yo estoy convencido que jamás han probado un colchón como el mío porque te aseguro que ¡mi fisioterapeuta todavía está haciendo negocio con mi espalda después de haber dormido 17 días en futones! Fíjate si son raros que són un poco antisociables, un poco tímidos pero siempre hay excepciones. No tienen ningún pudor en bañarse desnudos todos juntos en los ‘onsen’, los baños públicos japoneses.

Otra cosa que sorprende es que allí no existe ningún restaurante malo. Así como aquí alertas a los turistas de evitar ciertos establecimientos, allí puedes estar tranquilo que vayas donde vayas comerás bien. ¿Todavía no os creeis que son raros? Les gusta ir a comer solos, a restaurantes donde sorber la sopa es de buena educación y donde dejar propina es de mala educación. Sorber es señal que estás disfrutando con su comida y no por ello te aceptarán la propina, ellos consideran que ya pagas por el mejor servicio posible.

No os penséis que me he olvidado de mi cosa preferida… ¡En Japón tienen WC que te limpian el trasero! En efecto, el chorrito existe y te puedo asegurar que es el mejor invento del siglo. Tal vez en un futuro le dedico un post en mi blog a este maravilloso invento.

¿Lo corroboras ya? ¿Hacen suficientes cosas como para considerar Japón el mundo al revés? Estoy seguro que podría sacar una lista interminable de cosas pero al hacerlo mi mono por viajar aumenta y no es sano seguir torturándome.