Para muchos, Serbia no es más que un pequeño trozo de la ya desparecida Yugoslavia, más conocido por su gran potencial en baloncesto y por Novak Djokovic que por los posibles atractivos turísticos que esconde. ¡Pero este pequeño país es mucho más que eso!

Fue durante mi Interrail por la zona de los Balcanes a lo largo del Danubio cuando me adentré en un país rico en historia, en un momento de transición que lo mantiene a caballo entre la tradición y la modernidad y que hacen de Serbia una experiencia inolvidable. ¡Y además es súper barato!

En el post de hoy os voy a proponer 6 motivos por los que no deberías perder la oportunidad de visitar Serbia:

  1. Dejarte sorprender por la cosmopolita Belgrado: Sin lugar a dudas una de las grandes sorpresas en Europa. En un primer momento, jamás piensas en Belgrado como una ciudad moderna y referente en Europa del este, pero sí lo es. Esta gran ciudad fue el lugar de nacimiento de más de 16 emperadores Romanos y, debido a las constantes invasiones a la que se ha visto sometida a lo largo de los años, es un centro cultural repleto de historia y tradición. Cosmopolita, moderna y con edificios tan emblemáticos como el templo de Saint Sava (nº 2 en mi lista), Belgrado es el centro neurálgico de un país en constante crecimiento y me atrevo a decir que, en un futuro próximo, será una de las capitales referentes en Europa. ¡Soy muy fan de Belgrado! ¿Se nota? 
  2. Sentirte algo insignificante frente del Templo Saint Sava: Lo siento, las fotos no le hacen justicia a la Catedral Ortodoxa más grande del mundo. ¡Pero este lugar es simplemente impresionante! Una vez delante te hace convertirte en un ser diminuto con lo boca abierta frente a él. La rivalidad sana con sus países vecinos, han llevado a Serbia decidir construir la Catedral más grande del mundo porque en cuestiones de religión… ¡El tamaño si importa!
  3. Perderte por las calles empredradas de Novi Sad: Considerada la gran joya de Serbia, la segunda ciudad más grande del país, es como adentrarse en un viaje al pasado. Repleta de calles empedradas de postal, iglesias en cada esquina y pequeños cafés llenos hasta los topes, hacen de Novi Sad el colofón final por todo lo alto a un país de película.
  4. Desconectar del caos en las Montañas Tara: Si lo tuyo no es el caos de las ciudades y te ahogas entre el tráfico y la gente de las grandes urbes, Serbia tiene una opción para ti. En la frontera con Bosnia y Herzegovina nos encontramos con esta cordillera montañosa declarada parque natural.
  5. Empaparte de historia en Niš: Mi puerta de entrada a Serbia y la de muchos viajeros que deciden llegar en tren des del sur. Niś fue testigo de una de los mayores genocidios de la historia y pese a que es ténebre y horrible de revivir, el pasado es imborrable y aquí, rinden homenaje a todas las personas que murieron conservando la Torre de las calaveras. Sí, es tan horrible como suena. Fueron los otomanos quienes llegaron y mataron tantas personas como pudieron, con sus cabezas decidieron construir una torre que, todavía día de hoy se sigue conservando.
  6. Perder la cabeza de fiesta en fiesta: lo creas o no, a los Serbios les va la marcha y cuando digo marcha me refiero a que ¡les encanta la fiesta!. Tal y como os he comentado, Belgrado es una ciudad súper cosmopolita y llena de gente joven hasta los topes. Si esto lo juntas con unos bares de lo más ‘cool’ y las discotecas más extravagantes que jamás he visto, ¡el resultado es explosivo! Me declaro fan de Mr. Stefan Braun, una discoteca en la planta 9 de un edificio abandonado.

Eso sí, lo que allí pasó, ¡Allí se queda!